¿Porqué adoptar el tema de los taínos dentro del currículo escolar?

Este texto va dirigido a educadores, y a través de ellos a los padres de sus estudiantes.
 
La comunidad taína comparte atributos con todas las comunidades humanas, incluyendo las que nosotros formamos parte y conocemos en el presente, a la vez que muchas de sus características la diferencian notablemente.
 
No podemos concebir al ser humano como un individuo. La existencia de nuestra especie está vinculada, desde sus comienzo, a la vida en comunidad. No fuimos un Adán y una Eva, sino muchos adanes y muchas evas, funcionando dentro de relaciones comunales que tomaban forma de las actividades dirigidas a la alimentación, refugio, seguridad y crecimiento de los grupos humanos.
 
Según progresaban las técnicas de satisfacer aquellas necesidades básicas de los humanos, así evolucionaban las formas en las que los humanos estructuraban sus comunidades.
 
En las Antillas se han descubierto yacimientos de las formas más básicas de organización comunal. Los primeros habitantes de las islas, que llegaron a las Antillas Mayores desde Centroamérica, hace unos 6,000 años, eran bandas de cazadores —inicialmente de los enormes animales de la época del Pleistoceno, ya extintos— y que luego lograron adaptarse a la ecología isleña tropical, combinando su actividad recolectora de frutos silvestres, insectos, larvas, crustáceos, etc., con la caza de animales menores y la pesca en los ríos y en la costa. Su organización social se conoce como comunismo primitivo, en el que no existía la propiedad privada ni la acumulación de bienes, y todo el producto del trabajo comunal de recolección y caza se distribuía equitativamente entre los integrantes de la banda. Todas las decisiones se tomaban colectivamente entre los adultos de la banda, llevando mucho peso las opiniones de los más ancianos. Existía alguna división del trabajo, pero ésta estaba derivada de las condiciones naturales como la maternidad y el amamantamiento de los infantes. Consecuentemente, las mujeres concentraron sus destrezas en la recolección de frutos, y la acumulación de conocimientos y experiencia sobre las plantas, y sus poderes fármacos y alimentarios. Los varones se especializaban en la caza, y el uso de armas para someter o matar a las presas acorraladas (y para defender la banda de la agresividad de otros grupos).
 
Pasaron tal vez miles de años durante los cuales estas bandas lograron acumular experiencias que les permitieron criar algunos tipos de animales, y domesticar algunas plantas. Hace unos 3,000 años, nuevas migraciones, provenientes de la costa norte de América del Sur, importaron, primero a las Antillas Menores, en camino hacia las Mayores (donde encontraron poblaciones preexistentes), un nivel más avanzado de técnicas de subsistencia, como la agricultura, y subsiguientemente el arco y flecha para la caza y la pesca, apareadas éstas con formas más complejas de organización social. Se acentuó la división del trabajo, estableciéndose el género femenino primordialmente en la actividad agrícola, y la confección de los alimentos, y el masculino en la caza y la pesca, que adquirió en estas sociedades de navegantes un carácter de empresa principal, efectuada mar afuera, y dedicada a atrapar peces de mayor tamaño y en grandes cantidades.
 
El proceso migratorio fue complejo y multidireccional, ya que en sus inicios, se trató de sociedades de gran movilidad marítima. Este atributo generó un dinámico intercambio entre las comunidades de las diferentes islas, y entre éstas y el continente.
 
La productividad de las actividades de agricultura y de pesca comenzó a generar un sobrante alimentario que sirvió de estímulo al comercio, y a una más rica y compleja división de tareas, de las que surgieron sectores especializados en la producción de objetos de gran calidad estética, muchos dedicados a los rituales mítico religiosos, y otros que servían de símbolos de una cada vez más jerarquizada formación social. La sociedad taína surgió dentro de esta evolución de las técnicas de producción, del aumento en la abundancia alimentaria, de la expansión del comercio, y de la subsecuente especialización de las actividades artesanales de la talla en piedra y en madera, de la cerámica y del tejido del algodón y la fibra de maguey, entre otras. La división de tareas vino acompañada de la diferenciación de familias y clanes que se agrupaban en torno a estas especializaciones, y de jerarquías de acumulaciones de bienes y de autoridad política, como la distinción que fue estableciéndose entra la masa laboriosa, denominada naboria, y las élites guerreras, administrativas y políticas que llevaban el apelativo de nitaínos. De entre estas élites surgía el líder tribal, o el cacique, y de entre varios caciques tribales surgían caciques regionales de gran prestigio y poder. Al llegar los europeos a las Antillas, las sociedades taínas en lo que son hoy las Antillas Mayores, parecían estar moviéndose hacia la consolidación del poder en cada isla en la persona de un cacique supremo.
 
El estudio de las sociedades precolombinas de las Antillas es un vehículo pedagógico que presenta una sociedad en evolución, y muestra cómo el progreso en las técnicas de producir para satisfacer las necesidades básicas de la comunidad, va generando una formación social cada vez más rica y compleja,
 
La primera lección es que, en efecto, las sociedades no son estructuras permanentes ni inmutables. Son comunidades en continua evolución, y no siempre hacia el progreso. Razones internas, como ocurrió en el Imperio Romano, o en el propio Imperio Español, (que antes destruyó las sociedades taínas), pueden corroerse internamente, hasta decaer y desintegrarse. Razones externas, como les ocurrió no solamente a los taínos, sino a muchísimas sociedades y culturas de América al llegar los europeos a este hemisferio, pueden derrotar desde afuera, hasta hacerlas desaparecer, a sociedades florecientes y en pleno desarrollo.
 
Mucho de lo que era cierto hace unos siglos, es cierto hoy, y lo que se puede investigar y descubrir sobre estas comunidades precolombinas puede brindarnos lecciones aplicables al desarrollo, positivo o negativo, de nuestras propias sociedades caribeñas.
 
El mundo taíno, cuyas influencias culturales, lingüísticas y culinarias todavía persisten (aunque en plena desintegración) ofrece vehículos para el desarrollo curricular en varios niveles (PreK – 12, y post secundario), en las áreas de artes del lenguaje; literatura y artes (narraciones, expresión teatral, musical y danza); artesanías, manualidades y cocina; ciencias ambientales (geología, geografía, zoología, botánica, etc.); ciencias sociales (antropología, estudios de las sociedades, religiones, mitos, culturas, lengua y habla, guerra, choque de culturas, etc.); y puede servir de ingrediente estimulante para la adquisición temprana de conceptos numéricos y de operaciones matemáticas.

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